Los Personajes
BRUNO (José GARCÍA)
Se trata de un hombre de poco mas de cuarenta años, trabajador y de fiar, que está capacitado para hacer muchas cosas, excepto para ser un asesino en serie. Para llevar a cabo su plan, tendrá que sacar el máximo partido a su naturaleza y a su talento. Ha trabajado muy duro para convertirse en uno de los mejores –sino el mejor- de la industria de la pasta de papel. Es algo de lo que se siente orgulloso y no está dispuesto a ceder. Confía en su capacidad analítica, lógica y directiva para concebir y llevar a cabo un plan que le ayude a conseguir el trabajo que él considera que se merece.
Como hace con todo lo que se propone, lleva a cabo esta guerra privada con minuciosidad y dedicación. Pero sin odio ni compasión. Elimina a sus competidores potenciales por deber, necesidad y pragmatismo, todo con el fin de salvar su matrimonio y su vida familiar. Una vez haya triunfado, se sentirá atemorizado por sus miedos secretos, pero conseguirá mantenerlos a raya dedicando todos sus esfuerzos para tener contenta a la dirección de la Corporación Arcadia y sus accionistas. Como en todas las carreras, un asesino en serie necesita tener mucha suerte. Bruno la tiene, y son precisamente estas demostraciones de buena suerte las que le hacen ver que va por el buen camino. Tiene un don natural para el contacto humano, motivo por el cual sus víctimas le eligen como confidente. Como esto es un cuento moderno, Bruno, el “chico malo” y encantador recupera el amor de su amada y el trono que había jurado reconquistar.
MARLENE (Karin VIARD)
Una buena soldado, antigua ama de casa, a punto de cumplir cuarenta años. No hace nada para embellecerse porque es bella de por sí. No se da cuenta de lo atractiva que es y lo descubre por accidente. El hecho de que Bruno lleve tanto tiempo desempleado la obliga a realizarse: encuentra un trabajo, corre a cargo con todos los gastos del hogar y dirige la economía familiar. Sin embargo, se siente triste y abandonada. Encuentra consuelo en los brazos de un considerado vecino, que también está en paro, pero no tarda en darse cuenta de lo mucho que le importa Bruno. Ella se esfuerza por salvar su matrimonio. Es el único personaje positivo y honrado entre toda esta jauría de inestables crónicos.
CLINER (Olivier GOURMET)
Un ogro de cuento de hadas con una boca muy grande y probablemente, con un corazón de oro. Le gusta asustar a los niños pequeños.
Desgraciadamente, apenas puede ver a sus propios hijos y tiene que pagar varias pensiones alimenticias. Afortunadamente, tiene un trabajo estable y bien remunerado. Su última esposa le abandonó, alegando que le importaba más la Corporación Arcadia y la pasta de papel que ella. Desde entonces, atrapado entre dos extremos, dirige la Corporación Arcadia, adorado y temido por sus compañeros ejecutivos, los jóvenes y los mayores. Es tan popular como el rey Enrique IV antes de que Ravaillac lo asesinara. Un buen día decide adoptar a Bruno como su discípulo y confidente, antes de renunciar a su trono a regañadientes y cederle su corona.
HUTCHINSON (Ulrich TUKUR)
Se conserva muy bien, a pesar de haber pasado el umbral de los cincuenta; lleva tupé y un traje impecable de raya diplomática. Su fachada presenta muy buen aspecto, pero por dentro está destrozado, ya que no puede soportar el hecho de llevar cinco años apartado de su verdadera vocación. A él también le ha abandonado su mujer. Un mentiroso compulsivo y paranoico que no aguanta ser un simple dependiente de ropa e imagina todo tipo de planes para volver a la fábrica de papel. Sumido en un profundo agujero de desesperación, tiene muchos enemigos reales y muy pocos amigos de verdad, como todos los paranoicos. Por instinto, elige a Bruno como confidente –lo que le salva la vida temporalmente.
Al final, acabará ahorcándose y pasará a convertirse en el perfecto culpable para la policía: un asesino en serie en toda regla, alienado, depresivo y sin un motivo aparente.
BARNET (Yvon BACK)
Un hombre simpático, fuerte y competente. No está dispuesto a venirse abajo y parece haber aceptado bien su trabajo como camarero, sin abandonar la esperanza de regresar algún día al negocio del papel. No sabemos nada de su vida familiar, es intuitivo y apasionado, por eso acepta a Bruno como a un igual, casi como un hermano. Tiene sentido de la solidaridad y de lucha, a pesar de que suele derrapar y salirse de la pista. Asusta a Bruno, le agota, es el accidente emocional que podría resultar fatal para un hombre dedicado a la crueldad. Es el amigo que a Bruno le gustaría tener. Cuando Bruno le atropella, es como si estuviera atropellando su propio cuerpo. Pero es por “una buena causa”, la única causa que merece la pena, la suya.
Nota de producción
José García
Me preguntaba: ¿qué me está ofreciendo Costa-Gavras exactamente? Francamente, no lo entendía. Así que decidí ir a verle, porque me gusta conocer a la gente y saber que, aunque en ese momento no pase nada, quizás algún día... Me gusta pensar que el sabor de ese encuentro resistirá al paso del tiempo.
Todavía no me había hecho a la idea de que iba a formar parte de la película. Bertrand de Labbey le había dicho a Costa: si haces The Ax (Vía Libre), tienes que conocer a José. Me emocionó que Bertrand hablara así de mí.
Una semana antes de nuestro encuentro, emitieron por televisión por cable varias películas de Costa. Pensé que era una lástima no poder participar en una película donde se combinara la estética con la inteligencia y la profundidad. Todo ello sin olvidar los intereses del público. Las exigencias de Costa son las de un pintor, cada imagen tiene que tener el equilibrio adecuado. Y en el fondo se suceden acontecimientos importantes que un espectador perspicaz observará sin dificultad, o que un espectador menos perspicaz tan sólo sentirá, pero que en cualquier caso son muy importantes, ya que esos pequeños detalles son los que marcan la diferencia.
Por esa razón ¡nunca seré director! No siento esa pasión por los detalles más minuciosos. Me gusta contar las historias tal y como ocurren en la vida.
Pero como director, la suma de todos estos detalles es la que concede el equilibrio a las escenas que se suceden y por lo tanto a la historia.
Los directores jóvenes me piden consejo continuamente: yo les digo que visiten el Museo del Louvre y que observen los cuadros de Poussin. Existen detalles y códigos. Peter Greenaway realizó una película extraordinaria sobre ello. Costa es así, para él todo es importante.
Para mí fue un encuentro muy especial, me dejo llevar por mis instintos. Porque si pienso en él como la cabeza y las piernas, yo me consideraría a mí mismo algo así como un píe... Durante el proceso de pre-producción y el rodaje, descubrí la energía y la fuerza de Michèle y Costa como pareja: ella, como productora, él, como director.
Ambos luchan por las cosas, han conseguido crear una película con la ayuda de todos... y a pesar de algunos. Espero tener la buena fortuna de conocer a otros directores que tengan tanto que decir y que me den otras muchas razones para levantarme de la cama lleno de energía. Mi personaje es un hombre dispuesto a todo. Tuve que encontrar una verdadera motivación para él ya que, entre tener ganas de matar y matar hay una paso gigantesco... Esa es la pregunta que me hice a mí mismo durante el proceso de pre-producción.
Este hombre no podía haberse vuelto loco tal cual, necesitaba encontrar una metodología para él.
Pero ¿qué es lo que lleva a un hombre que vive una existencia bastante feliz a volverse completamente loco de repente?
Me di cuenta de que, desde el momento en que alguien decide que su trabajo lo es todo para él, o que su familia lo es todo para él, o que Dios lo es todo para él (¡hoy en día es algo que está ahí!), entonces uno se siente capaz de hacer las cosas más extremas ya que te persuades a ti mismo de la necesidad de un gesto personal.
Algunas personas se excitan, otras pueden matar... Por eso, desarrollé una metodología para mi personaje, con su lógica, sus necesidades. Desde el momento en que decidí que quería proteger completamente a mi familia, que los amaba pero que no quería decirles nada, que no tuvieran ni idea de lo que estaba haciendo por ellos... Justo a partir de ese momento, soy incapaz de comunicarme con nadie, no soy demasiado bueno para nadie, es entonces cuando me veo obligado a “huir hacia delante”. Matar a otros o matarme a mí mismo se convierte en la misma cosa, ya que lo estoy exteriorizando.
Una de las grandes ideas de Westlake fue concebir este personaje como un especialista de la industria del papel, una profesión no muy habitual, por lo que sólo tendría que deshacerse de un puñado de competidores.
De esta forma, todo se hace se hace plausible...
Durante el rodaje, Costa y yo construimos el personaje juntos. Cada director tiene su técnica. Existen tantas técnicas como directores. Costa tienen un sentido muy definido acerca de cómo enmarcar las cosas, tiene unas ideas muy concretas en su cabeza y tuve que aprender a adaptarme...
No me importa lo más mínimo que me digan cómo tengo que abrir la puerta y cómo debo cruzar el umbral; al revés, me gustan las restricciones y adaptarme a ellas.
Luego estaba la cuestión del humor o mejor dicho, la cuestión encontrar el espacio adecuado para la realidad. El humor es algo muy personal. No quería abrir mi caja de Pandora ni hacer sugerencia maniacas cada cinco segundos. Así que permití que Costa se me acercara y me dijera: Haz esto o haz lo otro. Cuando me daba cuenta de lo que quería exactamente y descubría el tono correcto me permitía hacerle pequeñas sugerencias, que él tomaba en cuenta o descartaba. Se trata de un peculiar sistema de equilibrio.
De hecho, está película me llena de dudas terroríficas. He participado en otras películas en las que estoy en cámara de principio a fin, pero aquí... ¡había demasiadas tomas de mi rostro! Eso me hace sentir inseguro porque es una gran responsabilidad.
Hay un buen número de escenas en las que me limitó a observar lo que ocurre más que a participar en la acción. Tenía que inventar sentimientos en mi interior que pudiera mostrar aparentemente... que me aportaran un poco de fragilidad, una fragilidad que bien pudiera tener consecuencias... no me refiero a la fragilidad de ser un asesino, sino a la fragilidad en relación con mi profesión, un universo que sigo descubriendo poco a poco. De hecho, esta fragilidad es beneficiosa, pues me permite crecer.
Acababa de rechazar una película con Karin Virad. Las fechas no me veían bien, el papel no encajaba conmigo, no era una película para mí... No quería que el encuentro fuera una pérdida de tiempo, ni para el director ni para Karin. Así que tuvimos una larga conversación y luego, como ya sabéis, Costa me dijo tres semanas después que Karin iba a interpretar a mi esposa.
El encuentro fue maravilloso. Tiene un gran sentido del humor a la hora de hablar de temas trascendentales, y al mismo tiempo es extremadamente ingeniosa e inteligente. Envidio su inteligencia y la forma que tiene de analizar los guiones.
Es una mujer que lo comparte todo, francamente generosa.
Recuerdo que, cuando estábamos en el plató y yo perdía la concentración siempre me decía: Recuerda que hace un momento hiciste esto o lo otro... Me llevaba por el buen camino.
Aquello no sólo me salvaba a mí, sino también a la escena: ¡eso es lo que se llama una compañera de verdad!
Y luego están los demás. Me encantó trabajar junto a Ulrich Tukur porque me gusta la gente como él. Es una especie de German Benoît Poelvoorde, o de Thierry Hancisse o de Olivier Gourmet... ¡Son actores endiabladamente buenos!
Karin Virad
Cuando leí The Ax me encantó. Recuerdo que pensé que de ahí podría salir una gran película, pero me parecía casi imposible adaptar la novela. Una de mis principales motivaciones para conocer a Costa-Gavras fue la curiosidad por leer la adaptación.
Resulta especialmente interesante que fuera Costa-Gavras quien decidiera rodar The Ax (Vía libre) porque se trata de una persona muy comprometida políticamente y ese compromiso se extiende a todos lo ámbitos de su vida. Este thriller es una declaración sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo hoy en día. Significa que llega un momento en el que tenemos que dejar la moralidad a un lado para poder seguir adelante. La moralidad tiene que ceder ante las realidades económicas.
Por ese motivo sentí que está película no es simplemente un thriller, sino una declaración política real sobre la sociedad contemporánea. Es interesante, terrorífica, pero realmente tiene algo que contar y ese es el motivo por el que el guión me entusiasmo de esa manera.
El personaje que interpreto tiene una función específica: hace que nos demos cuenta de lo que está pasando el personaje principal, interpretado por José García. Es decir, todo lo que se refleja en el libro está muy bien pensado. A través de mis ojos, nos damos cuenta de todo lo que él ha cambiado, de que se comporta de manera diferente, alejándose, encerrándose en sí mismo, cerrándose a los demás. También nos damos cuenta de lo protegido que estaba su entorno antaño, de cómo había sido construido cuidadosamente, equilibradamente; su estabilidad emocional... Pero luego le despiden y las consecuencias de ese despido lo destruyen todo. Pero lo destruye él solito, porque ella sigue siendo relativamente estable. Se ocupa de los niños, trata de llevar una vida normal y tirar hacia delante. Las cosas no son como solían, han cambiado, pero ella trata de mantenerse a flote...
La película hubiera perdido interés si mi personaje hubiese comenzado a acosarle, o si hubiera tratado de descubrir la verdad. Esa no era la función de mi personaje. Su función principal es arrojar un rayo de luz sobre él.
Me identifico con José García tanto a nivel profesional como a nivel personal. Tenemos una forma parecida de contar las cosas; establecemos un vínculo de conexión entre las escenas que tenemos que interpretar y la vida real, nos basamos en aquellas cosas que ocurren a nuestro alrededor para conseguir que las escenas cobren vida... Existe una gran complicidad entre nosotros. Creo que funcionamos muy bien como matrimonio. ¡Somos creíbles!
Una de las cosas que más me han gustado de Costa-Gavras es que todo tiene su lugar, todo tiene un significado. Por ejemplo, una escena que sobre el papel parece una especie de transición para pasar de un sitio a otro, él la convierte en una escena sobre la vida cotidiana... tiene un significado. No hay nada prescindible, todo tiene un significado, hay una razón para ello, aunque sea mínima. Cada escena cuenta algo muy concreto. Eso significa que las cosas tienen un punto de vista definido; sin embargo, Costa deja que el actor se haga responsable de su trabajo, no es un tirano que te dice tienes que interpretarlo así, con esta expresión y este tono de voz.
Concede a los actores esta responsabilidad, porque desde que los elige confía plenamente en ellos. Por eso considera que sus sugerencias son básicamente válidas y que debemos trabajar con ellas. Pero si uno se resiste a dichas sugerencias, se puede hablar de ello y llegar a un acuerdo.... Se trata de un trabajo en equipo. No me siento manipulada. Siento que me está ayudando o que, quizás, Costa-Gavras ha profundizado más que yo. Por eso confío en él. En otros muchos aspectos, la colaboración mutua ha sido esencial.
Es genial, porque hay muchos directores que piensan que los actores son marionetas, algo que, por otro lado también me parece válido, pero se trata de otra clase de trabajo. Él considera a los actores seres responsables que necesariamente tienen ideas sobre sus personajes...
Olivier Gourmet
Nos conocimos a raíz de otro guión, Mon Colonel que gira en torno a la guerra de Argelia. Esta película será dirigida en 2005 por Laurent Herbiet y la producción correrá a cargo de Michèle y Costa.
Nuestro encuentro fue de lo más agradable y enseguida me di cuenta de que son unas personas sencillas, sinceras, dulces y entrañables. ¡Posiblemente no sea así con todo el mundo! ¡No cabe duda de que entre nosotros surgió una gran afinidad!
Pasado un tiempo, Michèle volvió a llamarme, esta vez para participar en Le Couperet.
Costa era una persona a la que admiraba por su trabajo en el cine. Resulta muy agradable poder trabajar con gente con la que tienes tanto en común … Aunque no la conozcas mucho, sí que puedes saber más de esa persona a través de su filmografía... Puedes descubrir sus ideas, sus ideales, por qué ha luchado en la vida o por qué se ha dedicado al cine.
Ya había leído la novela, pero no me acordaba del nombre de Westlake. Me di cuenta al leer el guión, recuerdo que pensé: "¡yo ya he visto esto en alguna parte!".»
La verdad es que no recuerdo muy bien la novela, pero el guión es terrible, profunda y horriblemente contemporáneo y real.
A través de esta ficción entramos en contacto con la realidad de hoy. Se pueden establecer paralelismos con otras películas, como por ejemplo con Rosetta, de los Hermanos Dardenne. Esa joven sin empleo, abandonada a sí misma, que está perdiendo su dignidad como persona y lucha. Podría considerarse una película bélica sobre la búsqueda de empleo, pero ella no llega a los extremos de asesinar. En Rosetta, se plantea esta cuestión, pero es Bruno quien pasa a la acción. Él va mucho más lejos y quizás por eso sea más verídico que Rosetta, ya que hoy en día hay mucha gente así. Al mismo tiempo, la película aborda temas tan dispares como la pérdida del empleo, la pérdida de la dignidad, el miedo a la mirada de sus hijos, el miedo a la mirada de su propia mujer, la pérdida de su orgullo, la pérdida de su amor propio. Vale, no es el mejor camino a seguir. Pero por desgracia, así es la vida y la sociedad.
Para crear a mis personajes cuento con una especie de fábrica interior. No se trata de una ceremonia, no me gusta esa palabra, es como una especie de "plan a seguir" que me pertenece y en el que suelo confiar. Consiste en fijarme mucho en los gestos del personaje, en el modo de moverse, de respirar, de andar.
Llegado a este punto me bajo del barco. Acababa de terminar una película ese mismo sábado… No había tenido tiempo suficiente para concentrarme en el guión de Costa. Lo había leído por obligación, pero cuando estoy en pleno rodaje no puedo pensar, no soy capaz de pensar en otro personaje. Pero los 3 o 4 últimos días de rodaje empecé a sentir que me iba internando en Machefer.
Cuando ocurre algo así, uno no tiene tiempo suficiente para ensayar, para estar completamente relajado, tranquilo, receptivo, para disfrutar de lo que te ofrece tu compañero. El personaje es una maravilla y está maravillosamente bien escrito, es algo que se siente nada más leer el texto. Cuando uno memoriza un texto con facilidad y las palabras fluyen no quiere decir que esté especialmente bien, lo que significa es que hay algo dentro de ti que se corresponde con ello. Porque las palabras fluyen...
No estoy diciendo que me identifique con Machefer, sino que comparto su forma de hablar, su jovialidad, su sentido del humor. No soy un bocazas, pero puedo llegar a serlo si bebo o me tiran de la lengua, aunque tienen que buscarme las vueltas... Creo que un actor tiene que buscarse a sí mismo, participar en ello... A la hora de encarnar a un personaje, uno se basa en sus propias experiencias, en sus sentimientos; de lo contrario, está vacío, hueco; hay que estar disponible, relajado; hay que escuchar, mirar... Si además, la escena está bien escrita y es clara, nos encontramos con lo que yo llamo tontamente los objetivos, un objetivo, lo accesorio, los obstáculos... Llegado ese momento, es necesario pasar a la acción, ahí y ahora, hay que dejarse llevar.
Costa hace que los actores se sientan inmediatamente a gusto, consigue que uno no tenga miedo de las miradas de los demás. Esto es bastante importante, ya que resulta muy difícil llegar a una película que ya lleva seis semanas rodándose y donde todo el mundo se conoce.
Costa sabe cuando tiene que apartarse y cuando tiene que estar ahí … Es un buen director, da libertad a los actores, les mira, les observa, les deja hacer y luego dice "esto está bien", "esto sería mejor así ", su manera de dirigir es muy dulce, incluso bella.
Había coincidido una vez con José, durante la lectura de una película que al final no hizo. La verdad es que apenas nos conocíamos. Trabajar con él es una maravilla, es un tipo curioso, no es nada presuntuoso, es franco y directo, además de muy divertido.
No es una persona falsa, es muy generoso, sabe concentrarse, siempre está disponible. Siempre está dispuesto a echar una mano, es algo que se ve en su mirada.
Ulrich Tukur
Cuando Michèle me envió el guión de The Ax (Vía libre) y me dijo que el papel principal lo iba a interpretar José García pensé ¡bien, sólo tengo que deshacerme de uno!
Es una historia fantástica, incluso cómica en ocasiones, sobre la sociedad en que vivimos; una sociedad en la que los seres humanos somos superfluos. De hecho, lo que hace Bruno es lo mismo que hacen las empresas que despiden a sus empleados cuando los consideran demasiado mayores. Simplemente se deshacen de ellos porque sus intereses económicos cambian. Se tata de un guión muy cínico, de una historia muy cínica, pero la realidad creada por algunos sectores de nuestra sociedad -sectores vitales dentro de nuestra sociedad- también es muy cínica. Personalmente, creo que esta película es una buena respuesta a todo esto. ¡Una respuesta compatible!
Te puedes identificar con algunos personajes. Algunos personajes abren las puertas de tu mente sin dificultad, pero también hay otros personajes que se alejan mucho de ti, como es el caso. Además, el hecho de actuar en francés me ponía algo nervioso.
El papel de Hutchinson, el vendedor del traje de rayas, me conmovió profundamente porque se trata de un perdedor en toda regla. Alguien que intenta esconder sus miserias y que tiene problemas para encontrar su sitio en la sociedad. Creo que representa a millones de personas.
Me da mucha vergüenza decir esto, pero antes no conocía a José García... ¡Es absurdo! Lo que quiero decir es que en Alemania tenemos mucha menos idea de la cultura francesa y de su cine que de la cultura americana. Aquí me di cuenta de lo famoso y popular que es y me da envidia. Me da envidia porque en Alemania no tenemos un sistema parecido a la hora de realizar películas. Y una buena industria cinematográfica necesita estrellas. José es una estrella sin los defectos de las estrellas. Es un actor muy agradable, molto simpático, très sympa, very easy-going, en definitiva, un actor maravilloso.
François Guérif
Editor
Ediciones Rivages
Fue en abril de 1997, en Nueva York, cuando Donald Westlake me mencionó por primera vez The Ax. Me dijo que después de una ausencia de veinte años, Parker, el héroe de la saga que firmó bajo el pseudónimo de Richard Stark volvería, y que también tenía en mente una nueva aventura de su indescriptible y desafortunado ladrón armado, Dortmunder.
Entonces, repentinamente, añadió en un tono más serio... y entonces surgió The Ax... No conseguí que me contará más esa noche. Pero parecía que él tenía claro que se trataba de una novela diferente.
Después de la conmoción que me produjo la primera lectura de la novela, me contó que la idea surgió después de que una amiga suya que trabajaba como ejecutiva en un banco, y que durante los últimos cuatro años se había estado encargando del proceso de selección de personal, le hablara de las distintas reacciones de la gente durante las entrevistas de trabajo. Simplemente me dijo que... la voz del personaje de The Ax comenzó a rondar por mi cabeza. La seguí y me llevó hasta la descripción de una especie de inhumanidad cotidiana, una forma de inhumanidad que no es sólo americana.
Una descripción desarrollada en una especie de estado de urgencia poco habitual en Westlake. Un sentido de urgencia que ya perciben los lectores de Westlake y The Ax y que dentro de poco podrán sentir los espectadores de la película de Costa-Gavras. Un sentido de urgencia que se hace más violento y necesario a la hora de enfrentarse a un hecho, y es que, desde que salió el libro, nuestra se ido hundiendo cada vez más en esta “inhumandad cotidiana”.